Aunque hace poco no me tomaba muy en serio estos temas, ya no me parece una tontería plantearse cómo sobrevivir a un apagón.
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No es broma
Vivimos tiempos extraños (pandemias, desastres naturales, guerras…) en los que cada vez es más frecuente hablar de qué haríamos en circunstancias excepcionales o, peor, experimentarlo. Personalmente no soy alguien «tremendista» y creo que lo principal en estas situaciones es mantener la calma sin empeorar las cosas, y dejar que los servicios de emergencia y los planes de contingencia actúen.
No obstante, reconozco que ayer me pilló desprevenido, poco después de una mudanza y de hacer «limpieza». Afortunadamente fueron unas pocas horas y no tuvo mayor trascendencia, pero como «simulacro» me dejó varias reflexiones desde el punto de vista de la tecnología sobre cómo sobrevivir a un apagón.
La comunicación es clave
Supongo que muchos vivimos lo mismo. Primero, creer que habían saltado «los plomos» en tu vivienda u oficina, luego creer que era algo de la zona, hasta que te llegaba alguna noticia del apagón general. Imagino que lo común en este punto también ha sido, en primer lugar, preocuparte de los tuyos e, inevitablemente, especular.
Con internet en horas bajas, en este instante he sido consciente de que hace años que no tengo una radio de las de toda la vida y ahora me parece un básico. Las que funcionan con pilas no dependen de la red eléctrica y, a diferencia de internet o la telefonía móvil que pueden fallar o saturarse en emergencias, las señales de radio AM/FM son más resistentes y abarcan áreas externas.
Con la comunicación móvil «a trompicones» y acostumbrados a teléfonos con batería para uno o dos días, también pensé rápidamente en su autonomía. Lo primero, desactivar el WiFi (que no funcionaba) para ahorrar energía y no usarlo más de lo necesario, ni para cosas supérfluas. Lo siguiente que eché de menos es tener un cargador solar (por si acaso) y hasta unos ‘Walkie-Talkies’ para hablar con mi familia que vive en mi entorno cercano.
Hoy, con la electricidad de vuelta, sigo sin tener internet desde el router. No obstante, cabe recordar que si en algún momento necesitamos utilizar el ordenador para algo importante siempre podemos compartir la conexión desde el móvil.
Abastecimiento para aguantar
Una vez asimilado, a pesar de tener total confianza en que sería cuestión de horas, lo siguiente en lo que pensé fue en el agua y la comida. En primer lugar llenar algunas botellas que tenía a mano, puesto que en los apagones eléctricos prolongados es frecuente que haya cortes de agua (ya que los sistemas de suministro dependen de la electricidad).
Respecto a la comida, básicamente lo único que pude hacer fue comprobar que tenía las provisiones básicas para comer en frío. Aún así, tampoco había evaluado seriamente la petición que nos hizo la Unión Europea hace un mes para que tuviéramos lo necesario para auto-abastecernos durante 72 horas.
El problema es que, si lo has pasado por alto o te ha pillado vaciando la nevera, con la mayoría de las casas utilizando vitrocerámicas, hornos y ‘air-fryer’ para cocinar y acostumbrados a no llevar efectivo encima, nos complica tanto la preparación de lo que tenemos como la compra de otros alimentos.
Por cierto, también se me ocurrió la «genial» idea de irme a correr para pasar el rato, y a la vuelta me tocó ducharme con agua fría (ya que la caldera también necesita electricidad para funcionar). De haberme acordado me lo habría pensado mejor.
No te quedes a oscuras
A medida que iba avanzando el reloj y no teníamos electricidad, cada vez me acordaba más de las linternas que (de nuevo) hacía tiempo que no tenía. Suerte que estamos con el horario de verano.
Aunque tengo algunas velas, mecheros y cerillas, creo que la posibilidad de que haya un accidente con fuego en un momento en el que no hay comunicaciones y los servicios de emergencia están saturados, es lo peor que te puede pasar. Desde luego, la oscuridad tampoco es nuestra aliada ni la mejor alternativa.
La ausencia de luz puede ser la fuente de accidentes tontos, miedo, inseguridad, incertidumbre… Es por ello que creo que lo mejor es optar por recuperar nuestras linternas con pilas y/o hacernos con alguna lámpara solar o a pilas que nos permita afrontar la noche con tranquilidad.
La domótica, lo último
Con toda honestidad te digo que la domótica de mi casa era lo que menos me preocupaba a la hora de sobrevivir a un apagón. En primer lugar, porque siempre insisto en que nunca debe suplir funciones cruciales (como una cerradura) y todo lo esencial debe seguir funcionando perfectamente en su ausencia. Además, sin suministro de electricidad, la mayor parte de nuestros dispositivos sirven de bien poco.
Pero sobre todo, porque hay otras instalaciones críticas que están muy por encima en una escala de prioridades (hospitales, transporte público, comunicaciones…). Aunque es cierto que en algunas conversaciones hablamos de ciertos aparatos domésticos que también pueden ser esenciales (como un respirador de oxígeno).
Personalmente llevaba un tiempo barajando la posibilidad de instalar un SAI (Sistema de Alimentación Ininterrumpida) o una batería con paneles solares en mi terraza, para disponer de autonomía energética durante, al menos, unas horas. Para mi este ha sido el empujón que necesitaba, pero es algo que sin duda haría en caso de tener en casa a personas dependientes.
Recuperación del trauma
Por último, pero no menos importante, también hay recomendaciones a seguir una vez pasado el susto. En concreto en estos casos se recomienda desconectar todos nuestros aparatos de la corriente, ya que cuando vuelve la electricidad pueden generarse picos de tensión o funcionamientos anómalos en la red que generen daños en nuestros dispositivos.
De todo se aprende, por lo que es una buena oportunidad para preparse ante este tipo de situaciones y saber cómo sobrevivir a un apagón.

